Hay pocas cosas tan sagradas para un argentino como sentarse al lado del fuego, ver cómo se derrite una provoleta y esperar que salgan las primeras achuras mientras se charla con un vino en la mano. Ese ritual tan nuestro, el de todos los días, fue el protagonista absoluto de una noche espectacular en Abrasado, el restaurante de Bodega Los Toneles.

Bajo el nombre de «Manifiesto del Asado», Mati Gutierrez y su equipo del restaurante armó una edición más de esta propuesta que logró el equilibrio perfecto: mantener la esencia bien terrenal y auténtica de la parrilla argentina, pero llevada a una experiencia gastronómica de primer nivel.

Un viaje de seis pasos (y con frío que pedía café)

La idea de la noche fue clara desde el principio: recrear el camino que cualquiera hace en el patio de su casa un domingo, pero con una vuelta de tuerca profesional. El menú se estructuró en seis pasos que recorrieron desde los clásicos e infaltables de la previa hasta cortes de carne súper cuidados. Aunque esta vez el cerdo pegó el faltazo (¡pero prometen que suele estar!), la variedad y el punto de las carnes se llevaron todos los aplausos.

Para el cierre, el clima otoñal obligó a ponerse creativos. ¿El resultado? Un clásico affogato (helado «ahogado» en café expreso) que combinó la mística de los postres de parrilla con el calorcito ideal para combatir el frío de la noche.

Copas llenas y una propuesta cada vez más «federal»

Como no podía ser de otra manera estando en casa, los vinos de Bodega Los Toneles fueron los grandes anfitriones. Sin embargo, la noche trajo sorpresas para los amantes del buen beber: el restaurante empezó a abrir su portfolio sumando joyitas de bodegas del norte del país. La idea es armar una experiencia bien federal, uniendo distintas regiones vitivinícolas en una misma mesa.

Cada paso estuvo perfectamente maridado gracias a un laburo milimétrico entre la cocina y el equipo de sommeliers, quienes pulieron cada detalle para que el vino y la carne se potenciaran mutuamente.

La billetera: ¿Cuánto dolió? La experiencia completa tuvo un valor de $70.000 por persona. Teniendo en cuenta que incluyó los seis pasos detallados, el maridaje guiado con vinos de alta gama de principio a fin, el postre, el café y los petit-fours para cerrar, la relación precio-calidad estuvo más que justificada para semejante banquete.

Una noche que demostró que el asado no es solo comida: es cultura, es encuentro y, si se hace con pasión, también puede ser alta cocina. ¡Salud!